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Los Berrinches
Qué son los berrinches y cómo se manifiestan Los berrinches son rabietas que se manifiestan de múltiples formas, pero lo más característico es un llanto fuerte que aumenta su intensidad cuando el bebé-niño no obtiene la respuesta que espera de los adultos. El llanto va acompañado de manifestaciones como: tirarse al suelo de bruces cubriéndose el rostro, pataleos, arrojar objetos, empujones o pellizcos cuando se intenta contenerlos físicamente.
A escena!!! Los berrinches tienen la particularidad de no manifestarse sino, en presencia de otra persona especialmente de los padres. Es una verdadera puesta en escena por parte del niño, dedicado exclusivamente a la mirada y la emoción de los padres como espectadores. Tal es así, que nunca se da cuando el niño se encuentra circunstancialmente solo por ej. jugando en algún ambiente de la casa. Si el adulto presta especial atención, observará durante el pataleo, llanto u ocultamiento del rostro, que el niño fugazmente mirará de reojo, a fin de constatar la presencia de su espectador y el impacto que está causando. La “Escena Temida”: berrinches en contexto social: Las peores sensaciones de los adultos sobrevienen cuando la puesta en escena transcurre en un contexto social, por ej. en la calle, en un supermercado, en casa de amigos o en el propio hogar en presencia de las visitas. En materia de crianza no deja de sorprender lo rápido que “se aconseja” y “se juzga”. Los padres pueden sentirse presionados por el “¿qué dirán?”, temen lo qué se piensa de ellos como referentes y qué opinión tendrán acerca de su hijo/a. Aunque resulte difícil sostener esa compleja situación, intenten no apresurarse a reprender o castigar al niño/a, ni a desdecir el “No” o límite expresado, con la urgencia de resolver la presión de la mirada ajena. En los primeros años los niños pequeños presentan una suerte de inmadurez emocional para autoregularse y para entender la revolución interna que le implica el proceso de dependencia-independencia respecto de los adultos referentes. Están conociendo sus capacidades y limitaciones, se encuentra experimentando nuevos recursos de relación, de ir aprendiendo a decidir y hacer por sí mismos. Es probable que en esa etapa cuente con un vocabulario reducido como para indicar exactamente qué le sucede y qué necesita. Este aprendizaje lo irá construyendo de la mano de los adultos que puedan ir donándole un diccionario: poniendo en palabras sus emociones y estados de ánimo, para que pueda ir comprendiendo, registrando y finalmente expresarlo verbalmente. Algunos ejemplos: “estás enojado/a porque te dije que 'no'”, “me parece que estás cansado/a y te pusiste chinchudo/a”, “te quiero igual, aunque estés enojado/a, pero igual ahora no se puede”. Caprichos??? Cuando el berrinche se da en un contexto social es probable que las personas opinen: “que caprichoso que está”, o sean los propios padres quienes justifiquen semejante despliegue escénico diciendo: “es que últimamente está tan caprichoso…”, “no hace caso”. Las manifestaciones del berrinche frecuentemente se asocian a “caprichos” que pueden aparecer fortuitamente cuando de pronto al niño se le ocurre hacer u obtener algo en forma inmediata y se esmera por conseguirlo. El berrinche se presenta como respuestas ante un límite o ante la inminente separación transitoria de la mamá o del papá cuando salen a trabajar por unas horas. El bebé - niño que está afianzando su personalidad intenta imponer su deseo, prueba el alcance de su poder frente a los límites que imponen los adultos y se rebela contra aquello que desea lograr y le es restringido. Es parte del proceso de aprendizaje emocional, vincular y social. Por qué todos los bebes - niños hacen berrinches? Los berrinches reflejan una etapa del desarrollo emocional y es saludable desde el punto de vista de su estructuración psíquica. Comprender este proceso, no significa que para los padres sean situaciones menos difíciles de afrontar y sobrellevar, pero sería preocupante si un niño pasara por alto estas manifestaciones en el devenir de sus primeros años de vida. A medida que los niños capitalizan los recursos necesarias para depender cada vez menos del adulto sobreviene una ambivalencia entre: “yo decido por mí mismo” “nadie dice lo que quiero hacer” vs. “mamá/papá aún los necesito cerca”
Aspectos intervinientes en este proceso:
Tolerancia a la frustración: Quisiera detenerme especialmente en este punto ya que la baja tolerancia a la frustración no aparece repentinamente. Ningún niño nace con tolerancia a la frustración o con capacidad para esperar tal como sus padres quisieran. No son competencias que se aprenden de un momento a otro, ni que responden a fórmulas únicas para logar su aprendizaje. No debemos perder de vista que el bebé-niño es un ser en formación y transformación constante y que además de contar con su estilo personal; las experiencias que el medio le va brindando, dejan una impronta en su forma de ser y de relacionarse. Si los padres siempre han respondido de inmediato a los requerimientos, ellos, no ha tenido suficiente experiencia para crear su capacidad de espera que está íntimamente relacionada con la capacidad de frustración y tolerancia. Cuando la capacidad de espera y de frustración se experimenta paulatinamente, en etapas en las que el niño está preparado para soportarlo e integrarlo como parte de la vida de relación, se va aprendiendo e incorporando el “esperar” sin perder la confianza en el otro-adulto, quien es capaz de retornar para satisfacerlo y cuidarlo. A veces son los padres, quienes no toleran escucharlos llorar y no tienen la capacidad de espera suficiente cuando prueban estrategias y terminan apelando rápidamente a los recursos ya conocidos que pueden haber sido funcionales en una etapa anterior y ahora ya no, entonces si claudican fácilmente: “los niños se salen con la suya”. Castigar: violencia física y psicológica Los niños no aprenden a partir de castigos, algunos podrán modificar sus conductas por sometimiento y temor, pero no habrán realizado ningún aprendizaje positivo sobre ellos mismos ni en la relación con sus padres. Castigarlos sería un grave error y la desilución que esto provoca en los niños, junto con la pérdida de confianza en los progenitores “a prueba de todo”, provocaría un viraje en la vincularidad con huellas a largo plazo. La construcción del apego seguro se va constituyendo en las formas de confortar, acompañar y alojar a los bebés y niños/as en situaciones de estrés, temor e inseguridad. Cuando los berrinches se reiteran en el día y en contextos sociales, generan mucha desazón, impotencia y ganas de renunciar “ahora” a la paciencia. Si el adulto se violenta emocionalmente, actuará con violencia. El “chirlo” es violencia física, y en el esfuerzo de retener el impulso de la paliza, se ejerce violencia psíquica, enunciando frases como: “no te aguanto más”, “eres insoportable”, “por qué me haces esto”, “ojalá te callaras para siempre”, “si no te callas te pego”, etc. Una vez apaciguado el estallido, los adultos que han expresado frases similares pueden sentirse culpables, llegando al punto de evitar la aparición de nuevos berrinches: La evitación tampoco es solución. Es posible que el niño “desespere” aún más, si observa que los padres se mantienen tranquilos en su tesitura del “no”, pero que a pesar de todo no dejan de amarlo y permanecer cerca para atender otras necesidades. A su tiempo los niños y niñas comprenden el mensaje. Las estrategias deben formar parte de un acuerdo entre ambos padres y convivientes en la casa. Los límites sostenidos con coherencia y paciencia, arman bordes internos, apropiación de normas de convivencia, normas de rutinas, hábitos de cuidado, evitando a mediano y largo plazo, manifestaciones de desborde y desregulación. Cuanta mayor coherencia el niño reciba en los mensajes A qué edad aparecen El auge de los berrinches se da alrededor de los 18 meses y hasta los dos años y medio.
Qué pueden hacer los padres frente a los berrinches:
Cuándo consultar con un profesional?
Lic. Paula Landen (2008)
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